soñé que subías las escaleras
descalzo, sediento,
y detrás,
ahogada en misericordia,
veo como tus talones dibujan el filo de los escalones.
bajo a las calles sin cántaro a por agua,
agua para tus manos
agua para tu boca.
y subo y no estás,
y yo,
marchóme de miserias,
busco refugio en helado de mandarinas.
rompo el silencio misericorde y masoquista de mi descanso rem
vistiendo respiración entrecortada
y un llanto oceánico me devuelve a mi lúcida realidad.
y pienso en mis sueños
y siento que soy un castillo hinchable.
cien niños corretean,
dan saltos
y volteretas
en mi interior
roto
quebrado.
se desvanecen tus ojos de mi memoria,
y espero
aquí
SENTADA
TUMBADA
DE PIE
CORRIENDO DESCALZA
a que llegue la noche
y apareza y desaparezca,
el volátil ángel aturdido,
a rajarme el vientre y dormir dentro de mis entrañas -calientes de vida infame-