lunes, 2 de julio de 2018

ya no escucho mi nombre
-ajeno-
en estos oídos enterrados
en delirio musical.
salgo a gritar
abriendo las seis ventanas que tiene esta 
casa blanca, que no es Versalles
pero es palacio
lleno de cadáveres de muñecas.
toda la lengua repica
que estoy sola en esta habitación enorme
de luces rojas y verdes
de dos vencejos que duermen todas las noches
en el tendedero.
escucho al vecino decir
que tiene droga en el maletero
escucho a la vecina toser
porque se muere todas las noches
todas las voces retumban
fuerte al unísono,
son las noches de verano
que pegan mi flequillo a la frente húmeda
nunca me agarró del pelo
para poder clavarme en esta pared vacía
sin clavos en las manos
sin heridas en el costado
pero con una hermosa corona de espinas
de las rosas enquistadas
de mi estéril jardín

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