He abierto las puertas al desastre
interior.
Se esconden las golondrinas y se alimentan
de raíces,
Las alas se quiebran y miro en el espejo a
ese suburbio corpóreo
Que vive solamente de una curiosidad
inaudita,
De buscar agua en manantiales desérticos.
Triste reflejo de la mediocridad inexacta,
Célula microscópica en el lienzo,
Brazos y piernas que nunca se entrelazan
entre sábanas calientes
Deja de bailar descalza en el balcón.
Desastre invisible al ojo ajeno,
Deja que no rueguen por tus llantos
interiores,
Eres sangre que brota de la montaña.