Ahora que todos están muertos mi cuerpo reposa desnudo en
esta habitación de hielo, me vuelvo púrpura y sostengo flores en la mano.
Sueño en un eterno azul y mis dientes se reblandecen como si
fueran mantequilla. Camino lento hasta volverme anciana. Descuelgo el teléfono -¿Qué desea?- toda esta cara húmeda invisible me vuelve
objeto. -¿Qué desea?- No pueden verme
ni percatar este temblor que ya no importa a nadie.
¿Cuántos pomelos caben en la bolsa? ¿Cuándo viene el
siguiente autobús?
Existo como forma imperceptible. Puedo verlo desde este
balcón semicircular en el que siempre paran los pájaros. El fin del mundo no
quiere besarme.
No lo conozco ni me importa pero se ha olvidado de que puedo
respirar bajo el agua. Estoy llena de aguijones pero nada cicatriza. Collar de
serpientes, desvelo de nuevo tu imagen en mis manos,
derramado escapas entre los dedos. Vigilia nocturna irrita el raciocinio. Bailé
en círculos para estar cerca de ti, me envasé al vacío. Intenté de verme a
través de los cristales y solo encontré ciclistas y niños jugando al escondite.
No conoces de este hambre.
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