viernes, 26 de julio de 2019

Encamino mis dedos hacia la frente. Recojo la humedad que transforma mi piel en marea y escribo con sudor en el espejo. Tengo dentro de mi un sendero de rosas sin ninguna espina porque ya no son peces. Dolorosamente dulce es este tiempo sosegado que he plantado tras horas mirando al cielo. Ahora estoy vacía. Vacía y perdida. Un poco más tonta, un poco más feliz. Dice la vecina -niña pareces contenta todo el día cantando- Canto fuerte aunque no quiero que me escuchen. Qué calor, joder. Los del segundo se duchan juntos a la hora de la siesta. Escucho sus risas y el correr del agua. Visceral. Una cucaracha en mi plato de comida. Deseo vivir ajena a la situación actual política. Sueño con Torra, es un jinete y tiene los bolsillos llenos de piedras (nunca llega a caer al río). Mi madre se enfada conmigo, gritamos. Luego hay besos y todo vuelve a su estado natural. Quiero volver a tener 6 años y hablar con mi abuela Matilde -demasiadas cosas que ya no recuerdo, excepto su voz- 
El chino de la tienda de abajo me pide el dni para poder pagar con tarjeta este tendedero que no se dónde voy a meter. Señala mi foto y afirma: esta eres tu. 


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